jueves, 25 de julio de 2013

La situación de los caficultores en colombia




Problemas de los caficultores de Colombia requieren de una institucionalidad sólida 



Colombia siempre había sido catalogada como una de las mayores productoras universales de café, sin embargo en el 2012, según el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, la producción cayó de 12 millones de sacos anuales a 8 millones.

Esta situación no sólo preocupa al Estado como tal, sino que crispó a los caficultores de todo el país, generando así, el paro cívico nacional por parte de ellos. Sus peticiones van desde el pago de su trabajo, la remuneración de los sacos vendidos, la petición de renuncia al gerente de Fedecafe, Luis Genaro Muñoz y la reestructuración de la Federación Nacional de Cafeteros, con el fin de beneficiar al gremio.

Los cafeteros de Antioquia, al igual que los de todo el país, habían hecho un anuncio para ir a paro nacional desde inicios de diciembre del año pasado y al ver el poco interés del Estado decidieron iniciar con éste el pasado 25 de febrero.

El paro comenzó por iniciativa de “El Movimiento Nacional por la Dignidad Cafetera”, que cuenta con la participación de aproximadamente 140.000 cafeteros de todo el país. Su principal método ha sido el bloqueo de varias carreteras y movilizaciones en el sur antioqueño, (Bolombo lo como punto de concentración), en Belén de Umbría, Popayán, Cali y Calarcá, entre otras ciudades, con el fin de presionar al gobierno y sentarse en la mesa de diálogo.

Nelson Gámez Arenas, economista egresado de la Universidad de Los Andes habla sobre las reclamaciones que los caficultores están haciendo “esperan un mayor precio de sustentación por cada bulto de carga por parte del Estado, solicitan alrededor de los 830.000 pesos por saco, mientras que actualmente les están pagando $480.000 aproximadamente”.

Los cafeteros colombianos estarán concentrados indefinidamente en las carreteras del país hasta que el Gobierno Nacional decida escuchar y resolver las peticiones de los caficultores. Además, advierten que es una lucha gremial pero pacífica. Dentro de los participantes en este paro se encuentran pequeños, medianos y grandes caficultores, transportadores, recolectores y comerciantes, sumándose a ellos algunos cacaoteros.  

Julián Calle Ospina, economista de la UPB, expone que la problemática se viene presentando por parte de los incentivos y subsidios que presenta el Estado. “Los caficultores no tienen la suficiente infraestructura y tampoco cuentan con los suficientes incentivos. Hoy el precio del café está por debajo del 60% del año pasado, no existe un tipo de consideración en las referencias de producción del país y adicionalmente la calidad del producto colombiano perdió competitividad por la mundialización del café a menor precio”.

La situación actual genera grandes pérdidas económicas, debido a que los costos son mayores a los ingresos por cada saco, pero esto no es nuevo,  su decrecimiento ha sido paulatino, principalmente porque los precios internacionales han caído y los precios domésticos nacionales (los activos del Banco de la República, que crea la base monetaria del país) son el resultado de la Tasa de Cambio, con respecto al dólar y al precio internacional.

El café en años anteriores era el principal producto de exportación de Colombia y representaba los mayores ingresos en dólares a la nación, pero ahora los mayores ingresos en dólares para Colombia vienen de la minería, dejando al café en los últimos lugares en cuanto a ingresos para el país.

El Gobierno no cuenta con tanto dinero para subsidiar cada producto de la agricultura nacional, el economista Gámez Arenas explica que “si se ayuda de la manera que quieren a los caficultores, saltan los cacaoteros, algodoneros, paneleros, paperos, etc.”.

Finalmente, con el Tratado de Libre Comercio, al poder importar productos sin aranceles, el café colombiano está perdiendo espacio de distribución y venta, por lo que se presume una solicitud de promover una reforma agrícola que incentive la producción en Colombia e impulse el proteccionismo local.


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